Los hombres y la anticoncepción
A raíz del post anterior, me gustaría hablar de algo que suele pasar
desapercibido sobre todo cuando surgen las polémicas relacionadas con los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres. Si bien es cierto que es un tema que nos compete directamente, también es cierto que las relaciones sexuales se dan entre dos personas. En la mayoría de los casos entre una mujer y un hombre. Seguro me dirán que mi aseveración es bastante obvia… Entonces, ¿por qué no se incluye al hombre cuando se habla de prevención del embarazo o de enfermedades venéreas? Claro, pueden decir a su favor que son ellos los que usan condón (y que a veces hacen a regañadientes) y que por eso deben ser alabados. Pero ¿no es eso lo mínimo que pueden hacer?
Si ellos realmente estuvieran comprometidos con el tema se harían parte de las manifestaciones pro píldora del día después o bien hasta le propondrían a sus parejas consultar al médico ginecólogo para que les de el mejor método anticonceptivo. Algunos -los menos lamentablemente- se hacen parte de por ejemplo comprar a medias las pastillas, tal como se divide la cuenta del supermercado, como parte de la planificación familiar en la pareja.
Pero aún falta mucho. Por eso me pregunto que si estos hombres que comparten hoy los gastos de las pastillas usarían el anticonceptivo hormonal masculino cuando se lance al mercado en Chile (el que aún está en fase de pruebas). Estoy casi segura que tendrían mayores reticencias porque claro, pasar cinco lucas es una cosa pero llenarse de hormonas sintéticas como lo hace una, es otra muy distinta.
Y es más, ¿cuántos hombres que con su pareja ya han tenido los hijos deseados y quieren evitar nuevos embarazos, se hacen la vasectomía para que la mujer deje de tomar los anticonceptivos? Una operación ambulatoria que es super normal en países como Estados Unidos, Canadá o en Europa y que de hecho figura entre los tres método anticonceptivos después del condón y la píldora, acá el porcentaje de quienes se la realizan es bajísimo y sigue siendo tabú. En ese caso, la opción es que la mujer (otra vez con la responsabilidad encima) se ligue las trompas en una cirugía mucho más compleja, con mayores costos y complicaciones que el procedimiento masculino.
En definitiva, parece que hace falta un cambio de mentalidad en nuestros machos chilenos. Ojalá que los chiquillos de ahora no sean tan cerrados de mente y puedan hacerse partícipes y comprometerse con un tema que también les compete a ellos y que por décadas ha estado sobre nuestros hombros.
Indignación del día después
Hace unas semanas nos enteramos de dos guaguas que fueron abandonadas a horas de nacer. Luego, una adolescente escondió su embarazo a sus padres y tuvo a su niña en el baño de su casa sin que nadie lo supiera. Debido al temor y en un acto de locura (no podría pensar otra cosa), con el mismo cuchillo que cortó el cordón umbilical le dio varias puñaladas a su hija quien dejó de existir en el momento.
Con estas terribles pero verdaderas historias me permito introducir mi criterio de algo que me produce gran indignación. Y es que de nuevo ha salido a la palestra el tema de la Píldora del Día Después, cuya distribución en los servicios públicos de salud (a los que van las personas con menos recursos) ya había sido prohibida por el Tribunal Constitucional chileno en abril del año pasado, acogiendo el requerimiento de un grupo de diputados de derecha, conservadores y llamados “pro vida” (ya que alegan que el fármaco es abortivo).
En ese momento muchas mujeres y hombres salimos a marchar por una decisión que considerábamos, atentaba contra nuestros derechos sexuales y reproductivos. El gobierno buscó formas para que la PDD siguiera siendo entregada a las mujeres que lo necesitaban como en las municipalidades. Sin embargo, esta semana otro golpe lo dio la Contraloría, que prohibió la entrega de la píldora ahora también en municipios y otros organismos gubernamentales. Un punto a destacar: todos estos fallos no prohíben su comercialización en farmacias, por lo que alguien con dinero puede perfectamente ir donde su médico para que le de la receta e ir a comprar la pastillita. O sea, discriminación.
Ahora el gobierno va a presentar ante el Parlamento un proyecto de ley que garantice la distribución de la píldora aunque lamentablemente todavía hay gente que ni siquiera quiere debatir el tema y que puede impugnar ante el Tribunal Constitucional cualquier iniciativa de esta índole como ya lo ha declarado el diputado Kast, especie de vocero de los diputados antipíldora. Lo que me da rabia es cómo esta tropa de conservadores Opus Dei no se da cuenta de lo que está pasando en el país, pues para ellos es más fácil tapar el sol con un dedo y sermonearnos con su discurso moralista y de la abstinencia. Sus hijas e hijos también están en las estadísticas que dicen que los jóvenes están iniciando su vida sexual cada vez a más temprana edad y que debido a un descuido (quien no lo ha tenido) necesitan el anticonceptivo de emergencia. El tema es que las hijas de los honorables tienen el dinero para ir y comprarla pero las de los sectores más pobres se tienen que quedar con la incertidumbre hasta que el test de embarazo complete las dos rayitas y o se hagan un aborto clandestino en condiciones pésimas o dejen abandonadas a sus guaguas en la calle. Y claro, sin mencionar que las adineradas ante la concreción del descuido también abortan pero en clínicas privadas donde pagan mucha plata y pasan “el problema” como un quiste ovárico.
Así es la doble moral de este país y eso es lo que más me indigna. El que se pretenda imponer la visión de unos pocos a todo el resto de los ciudadanos y que se metan en nuestras camas cuando tenemos sexo. Además, ¿no les interesa lo que opina más del 70% de las personas de este país? Si ellos son 36 diputados elegidos más encima gracias al sistema binominal por la minoría de los votos, ¿por qué mierda se pasan por la raja a todos quienes decimos “déjennos decidir”, queremos tener acceso a la pastilla?.
Está claro que el tema de la PDD es sólo una arista y que el problema de fondo pasa por una buena política pública de educación sexual con énfasis en los métodos anticonceptivos (incluyendo la píldora en cuestión) en todos los colegios y así evitar el embarazo adolescente que lo único que hacer es perpetuar el círculo de la pobreza (y dicho sea de paso, la mano de obra barata que la clase pudiente necesita) y una ley de aborto también para que una persona sea capaz de decidir si quiere o no tener a un niño, muchas veces no deseado, muchas veces producto de una violación.
En fin, es increíble cómo en este país que se jacta de ser tan desarrollado, de tener una economía sólida, etc., aún las mujeres no tengamos derechos sexuales ni la opción de optar a los métodos anticonceptivos que queramos. Por lo pronto, habrá que seguir echando mano a alternativas como el método Yuzpe y que, en mi opinión, habría que masificar la opción entre quienes no puedan acceder a la PDD. Este método consiste en tomar anticonceptivos orales combinados que se compran sin receta en cualquier farmacia, como Anovulatorios Microdosis, Lofemenal, Microgynon, Nordette, Anulette, Norvetal, etc. Se toman 4 pastillas primero y se repite la dosis (4 pastillas) a las 12 horas de una relación sexual no protegida. Como tienen levonorgestrel, actúan igual que la PDD, aunque pueden tener efectos adversos como naúseas o dolores de cabeza por el cocktail hormonal pero siempre es prevenir. La información fue sacada de este sitio que es del Instituto Chileno de Medicina Reproductiva. En este lugar también reparten la PDD pero para más datos, visiten la página de la institución.
Por último, no necesito entrar a discutir si, como promulgan estos grupos “pro vida”, la pastilla es abortiva o no. Creo que hay suficiente material científico que dice que no lo es. Pero más allá de un debate biológico de cuando empieza o no la vida y que si la píldora viene a “interrumpirla” matando a un ser humano, acá la cuestión es la libertad de opción y de elegir para cada mujer sobre qué hacer con su cuerpo y con su vida como primer derecho humano. Y ojalá que de una vez por todas debatamos el tema con altura de mira, en forma madura y responsable con la ciudadanía sin contaminarlo con los rosarios de todos aquellos que se golpean el pecho en las iglesias los domingos.
Dónde están los hombres
Hace poco, en el cumpleaños de mi prima, una amiga de ella nos contab
a los pormenores de una relación amorosa que la tenía al borde del psiquiátrico. Llevaba cerca de 11 años con el hombre; se habían conocido en el colegio y en todos esos años había pasado de todo: decepción, infidelidades, rompimientos miles, vueltas una y otra vez. Ella tenía la certeza que ese hombre no era para ella y que la estaba cagando con no terminar de una vez y buscarse a otro especímen porque acá todo hacía suponer que era mejor un diablo por conocer que uno conocido.
La cuestión es que ella, de apenas 29 años, decía que, por un lado, se sentía vieja para buscarse a otro chico y empezar todo de cero y, por otro, que no sabía dónde se habían metido todos los hombres solteros de esta edad, si es que quedaban. Porque a los 30 años o están casados o comprometidos o divorciados -pero con la mente en las niñitas de 20- o, en caso de que queden solteros, algo malo tienen que tener.
La verdad es que a mí no me parece tan apocalíptico el asunto o debe ser que hace tiempo me alejé de las pistas tras haber encontrado a un chico que me hace feliz (por ahora). De igual forma creo firmemente en que “a nadie la falta Dios” y que en algún lugar de este mundo debe haber un alguien para quien lo necesita. Pero para verificar en terreno este tema el sábado salimos con una amiga que está soltera y buscando. Ella quiso ver cómo estaba el panorama en el ambiente bohemio de la capital y aunque nunca he sido muy de la idea de que se pueden encontrar chicos en una noche de juerga (en rigor sí se puede, pero para qué, ese es otro asunto) igual la acompañé para saber qué se tejía.
Y aunque la experiencia no estuvo mal, pues por lo menos comprobamos que teníamos bastante arrastre entre los chicos, el problema fue que la mayoría de ellos eran sub 25 y con una sola cosa en mente, algo que obviamente a mí no me interesaba en lo más mínimo y creo que a mi amiga tampoco porque para pasarlo bien un rato y después si te he visto no me acuerdo, de eso ya había tenido bastante. Y bueno, los que podrían tener nuestra edad andaban con sus parejas o eran declaradamente gays.
En fin, eso corroboró mi teoría que es mala idea buscar hombres en bares o discotheques, que lo único que hacen es “jotear” y tratar de llevarte a la cama. Obviamente que si una también anda buscando sexo casual es muy válido. Pero ¿qué pasa con las chicas que o deben conformarse con su “peor es nada” que la trata como las pelotas y siguen con él por el temor a no encontrar otro amor, o aquellas que ya están solas y quieren de verdad encontrar a un hombre bueno que las quiera? ¿Será que a los 30 ya no quedan hombres solteros, sin miedo al compromiso, sin traumas ni rollos mentales, medianamente guapos y con una clara definición sexual? Y si aún quedan, ¿dónde están? Si los ven, avisen.
La fantasma de la ex
No es que quiera promocionar la película que estrenaron en los cines a mediados de mayo, esa protagonizada por el musculoso pero sin gusto a nada Matthew McConaughey y la espía de Alias, Jennifer Garner. No, sólo que encontré demasiado pertinente el título con mi idea del post. Y es que resulta que a mi chico lo están rondando perras fantasmas del pasado, o sea, una ex novia. Y todo gracias a ese engendro de la tecnología que ha atrapado a la mayoría de las personas: el facebook.
Claro, era obvio que entre tanto reencuentro con ex compañeros de colegio, ex amigos de infancia, familiares lejanos, etc., iban a aparecer esos nombres que en algún momento de la vida fueron parte del corazoncito y la mente de uno. Y confieso que hasta yo tengo por ahí a ese alguien de contacto y que de vez en cuando la curiosidad hace click por mí y me entrego a interiorizarme sobre su estado físico (está más pelado y guatón) y mental (igual se le ve feliz con su señora y sus mascotas, así que bien por él).
Pero bueno, el asunto es que yo pienso que es muy distinto tener de contacto en tu facebook a alguien con quien tuviste un romance que pasó sin pena ni gloria a que una ex novia, con la que estuviste comprometido para casarte aparezca, te agregue como amigo y te mande mensajes privados. “Yaaaaa”… Le respondí incrédula a mi transparente chico cuando me contó. “¿Y se puede saber qué quiere esta señorita?”… “Na´poh, saludarme no más”, me dijo él queriendo cambiar de tema.
Y sentí que con ese sólo hecho me estaban invadiendo el territorio pero tampoco supe qué decirle. O sea, confío en él y tal vez me da lo mismo que tenga a una ex en la red social sobre todo si han pasado una pila de años o tal vez debería haber armado la casa de yegua cuando vi que mi chico y “ella” eran amigos. No sé. No contaba que iba a querer tener un contacto cercano (el mensaje) que podría ser el primer paso a… sí tanto tiempo que ha pasado, qué es de tu vida, y por qué no nos juntamos?, ah, sí, hay un café en la esquina de blablabla. Ya, ok, sé que son puros rollos pero pucha que cuesta enfrentar a un fantasma ex que quiere materializarse en la vida de tu chico. Además, es heavy también que tu hombre haya sido de relaciones largas, importantes y bien comprometidas, lo que por un lado habla bien de él pero por otro quiere decir que hay por lo menos dos seres relevantes en el pasado del chico. No como una, que nunca antes tuvo un amor que le durara más de un año. God, ¿será que llegó la hora de llamar a Ghostbuster?.
El Club de los 30
Es imposible detener el tiempo aunque muchos lo quisieran. Inexorablemente llegamos a esa temida década que empieza con el número 3 y sigue sumando números hasta completar 10 años y comenzar otro drama. En lo personal la crisis me vino el año antepasado cuando cumplí los 29 –los últimos “veintisiempre”-, momento en el cual me llené de cuestionamientos existenciales acerca de mi vida pasada, presente y futura. Pero cuando soplé las 30 velas no me dio nada, estaba sumergida en la inercia absoluta de ese año en donde ya todos mis amigos habían entrado al Club y una más no cambiaba la historia.
Para mi cumple, en el facebook bullían los mensajes de algunos fanáticos que decían que la treintena “¡era la mejor década de la vida!” y que me iban a pasar importantes cosas y que bla, bla, bla. Y también aquellas advertencias pesimistas o realistas como decían, que enfatizaban en que con la llegada del 3 y el 0 me iban a venir todos los achaques de vieja.
Aún estoy esperando lo uno y lo otro aunque parece que va ganando lo segundo. De partida, una visita al médico determinó que estoy con el colesterol alterado y de un día para otro me vi con un arsenal de pastillas, omega 3 y con una dieta de pescado tres veces por semana para aumentar el colesterol bueno y bajar los triglicéridos. Claro, también tengo que bajar de peso y hacer ejercicio, lo que me ha costado una enormidad porque, adivinen: después de los 30 el metabolismo cambia y se enlentece. La grasa se localiza más en algunas zonas –la parte abdominal suele ser una de ellas- y no es fácil eliminarla. O sea, por más que hagas abdominales ahí quedan los porfiados “rollitos”.
Eso sin contar que hay que cambiar la crema de la cara que usábamos antes por una antiarrugas porque ya a esta edad se empiezan a notar las líneas de expresión y las patitas de gallo. Además es eso, se debe invertir en la crema de contorno de ojos con efecto aclarador para las ojeras, la loción nocturna y hasta una especial para el cuello.
Y eso no es todo amigos, porque todas las mujeres ahora debemos lidiar con la maldita celulitis. ¿Por qué? Porque sólo nosotras tenemos esa increíble capacidad de retener líquidos, grasa y toxinas que provocan la piel de naranja. Y ahí uno dele invirtiendo la plata que no tiene para comprar cremas anticelulíticas y reafirmantes o pagarle a alguien que haga esos milagrosos masajes reductores para poder lucir medianamente digna en el verano con el traje de baño o en el momento del amor.
Ahora, en lo psicológico se incluyen grandes cuestionamientos de la vida, pensar que va pasando el tiempo y que los proyectos que tenías a los 20 no se han concretado y que el tiempo también avanza para tomar otras decisiones importantes como si quiero o no tener hijos, casarme y tener una casa con un perro. Pero eso da para otro post.
En fin, como que me deprimí escribiendo esto pero todavía me queda la parte de “la mejor década de la vida”. Ojalá que lo descrito anteriormente no opaque aquellas importantes cosas que van a suceder (estoy expectante) y que mi llegada al “Club de los 30” sea lo menos traumática posible.
Y ustedes ¿ya llegaron a los 30?, ¿qué es lo mejor de esta década?
El sexo o la verdadera fuente de la juventud
La cultura popular habla de las diferentes propiedades que tiene el practicar sexo -seguro, por supuesto-, como que quema calorías, que secreta endorfinas, que mejora la piel, etc., etc. Pero siempre es bueno contar con publicaciones e investigaciones científicas que divulguen y avalen más beneficios de la práctica sexual como, por ejemplo, el hecho que nos protege de diferentes enfermedades y actúa como la más barata terapia “anti-age”. He aquí una recopilación y/o copypasteo de algunos de ellos:
* Ganar energía. Sin duda tener relaciones sexuales es una forma de ejercicio físico y es mucho más barato que pagar un gimnasio. Estudios dicen que practicar sexo tres veces por semana permite quemar calorías para mantenerse en forma a lo largo del año, pues aseguran que es equivalente a correr 120 kilómetros.
* Incrementar la oxigenación: El sexo incrementa el aporte de oxígeno a las células y estimula la actividad de varios órganos y sistemas dentro del cuerpo.
* Reduce el colesterol: El sexo balancea el equilibrio entre el colesterol bueno y el malo y al mismo tiempo reduce el exceso de colesterol en el cuerpo (dato para muchos de mis amigos que el año pasado tuvieron problemas con sus lípidos).
* Reduce la aparición de dolores: Estudios indican que el mantener sexo reduce las jaquecas y los dolores en general.
* Protege a la próstata: Atención hombres pues es sabido que los desórdenes prostáticos son causados o empeoran como resultado de las secreciones de la glándula. La actividad sexual regular elimina esas secreciones.
* Disminuye el estrés: La satisfacción y relajación que produce el sexo son beneficiosas para la mente y el sistema circulatorio.
* Aumenta la felicidad en la pareja: El amor y el afecto puede incrementar el nivel de oxitocina, una hormona que aumenta el deseo sexual. Un alto nivel de oxitocina puede incrementar la frecuencia de encuentros sexuales en una pareja.
* Aumenta la secreción hormonal: El sexo es una ventaja especialmente para las mujeres, ya que mantener relaciones sexuales regularmente incrementa el nivel de hormonas femeninas, reduciendo el riesgo de enfermedades del corazón y del tracto vaginal.
* Incrementa la energía física: El ejercicio físico, en cualquiera de sus formas, aumenta los niveles de testosterona en el cuerpo. Los expertos dicen que esta hormona fortalece los músculos y huesos del cuerpo humano.
* Proporciona un suplemento hormonal: Durante las relaciones sexuales, la hormona llamada DHEA es segregada en el cuerpo. Durante los orgasmos o justo antes de la eyaculación, el nivel de DHEA en la sangre es cinco veces mayor a lo normal. Este esteroide segregado por la corteza suprarrenal es el principal generador de andrógenos en las mujeres. Está también presente en los varones.
En la noche todos los gatos son negros
Las vacaciones definitivamente dan para todo. Nuevos amigos, bellos destinos, su buen bronceado, amores de verano y una que otra anécdota que queda grabada con fuego en nuestros recuerdos. Y eso me lleva en forma automática a lo que una amiga me contó hace varios años atrás y que quedó como una de las anécdotas clásicas a la que echamos mano cuando queremos morirnos de la risa. Y es que a nadie le puede pasar eso, o sea, pasa, eso es lo peor y en esos momentos ¿a quién le podemos echar la culpa?. Muchos dirán al alcohol, al viento fresco del destino vacacional o a la desinhibida exposición de los cuerpos bronceados y con poca ropa. Pero nuestra teoría es que la responsable es la noche, porque ¡EN LA NOCHE TODOS LOS GATOS SON NEGROS!.
Me explico. Cuenta la leyenda que esta chica que nombraremos con la inicial M fue con sus primos y amigos a la cordillera de un lugar de la zona central. Entre guitarreos varios, bidones con ese vino tóxico al estilo ponche que alguna vez estuvo de moda, pitos varios que iban pasando de mano en mano, cigarros más convencionales por doquier y el puente, ese donde se juntaban todos los jóvenes en la noche después de los chapuzones en el río, mi amiga M detectó a un hombre de edad indefinida que se acercó al grupo a canturrear.
Por esos juegos del destino, porque pucha que es lúdico a veces este destino, el hombre citado se sentó junto a M y compartieron sus babas de la garrafa plástica, los pitos chupeteados y entre miraditas a las estrellas y cantos varios comenzaron un jugueteo-sobajeo que fue “in crescendo” en las letras X. El hombre le regaló un anillo que había encontrado durante la tarde y se lo puso en el dedo en señal de amor a primera vista y la invitó galantemente a su carpa que estaba instalada cerca. M sin pensarlo se incorporó tambaleante producto, seguramente, del efecto del alcohol y la marihuana y se fue con el chico. Pasó lo que tenía que pasar, revolvieron los sacos de dormir, las mochilas y los demás enseres de los habitantes de esa minúscula carpa.
Y al otro día, la cabeza de M estaba mucho más revuelta que su pelo y su ropa, que no estaba en su cuerpo, obviamente. Un brazo con sendos tatuajes rodeaba su cintura y algo ajeno a su dedo sobresalía de él: una bisutería barata en alpaca con una piedra azul. “¡¿Qué mierd…?!” Alcanzó a mencionar mi amiga mientras el hombre tatuado la callaba con un feroz beso en la boca al instante que la saludaba: “¡¡Guenos días, mi lleina!!”… Plop!
“Perdón, pero ¿¿mi lleina??”. Le preguntamos a M cuando nos contó avergonzada de su affaire veraniego. Y sí, tal cual. El hombre era del tipo flaite, chulo o roto, si se entiende, que no sabía hablar ni menos modular bien (o sea, decía “huinsha de la schala”, “entre sosho y sosho y media”, “te oi a hacerte chupete”… y claro, “guenos días mi lleina”). Y no sólo eso, era un chiquillo, un púber, o sea, ¡tenía como 17 años!, mientras que M se empinaba por los 28. “Pero, ¿cómo no le viste la cara de cabro chico que tenía y de paso su condición de flaite?”, le preguntamos espantadas a riesgo de sonar discriminadoras sociales. Y bueno, mi amiga no pudo más que justificarse: “Pucha amigas, es que ¿no saben acaso que en la noche todos los gatos son negros?”…
Así que moraleja: considerando que es verdad que la noche (y peor si la combinamos con alcohol y alucinógenos) tiende a confundir a las féminas haciéndonos cometer cualquier acto que a la mañana siguiente miramos arrepentidas, les pido que tengan cuidado, que no se dejen engañar por cualquier gato porque quien duerme con ellos amanece arañada. Si no lo creen, pregúntenle a M.
¿Elixir de la felicidad?
No hay du
da alguna que el sexo tiene múltiples beneficios, desde perder calorías hasta manejar el estrés o aumentar los niveles de hormonas como la oxitocina o las endorfinas que nos hacen sentir mejor y más felices. Y bueno, también se ha reconocido que quienes están privados de esta gratificante experiencia tienden a presentar baja autoestima o depresión. Pero la novedad de todo este asunto es lo que concluyó un nuevo estudio publicado en la revista New Scientist y que dice que es el semen el causante de que las mujeres anden de mejor ánimo y sin cuadros depresivos.
What? Es lo mismo que me pregunté yo. Y bueno, en resumen, la exposición al elixir masculino parece actuar como un antidepresivo en las mujeres según declaró el psicólogo a cargo de la investigación, Gordon Gallup, de la Universidad Estatal de Nueva Cork. ¿Cómo así? Durante el estudio se comparó a 293 mujeres entre las que estaban aquellas cuyas parejas usaban condón versus las que tenían relaciones sexuales sin protección y se descubrió que las mujeres que están expuestas directamente al semen se deprimen menos (se les evaluó su nivel de depresión de acuerdo con el Inventario de Depresión de Beck, un cuestionario estándar para evaluar el humor). La explicación estaría en determinadas hormonas que tiene el semen, como la testosterona y diversos estrógenos, que se sabe son capaces de actuar sobre el estado de ánimo femenino y que son absorbidas por la vagina.
Es más, en un estudio siguiente descubrieron que las mujeres que tienen sexo sin preservativo son más propensas a presentar signos de depresión una vez que han terminado de tener relaciones sexuales con frecuencia (como puede suceder tras una ruptura sentimental), a diferencia de aquellas que tienen un periodo sin sexo y que previamente tuvieron sexo pero con protección.
Ahora, el señor Gallup aclaró que la intención de estos estudios no es desincentivar el uso del condón porque “claramente un embarazo no deseado o una enfermedad de transmisión sexual contrarrestaría por mucho el efecto antidepresivo del semen”, dijo. Estoy muy de acuerdo con él.
Los hombres y el condón
Simplemente no entiendo el por qué los hombres aún se resisten a usar un preservativo. Te creo aquellos que tienen más de 50 y que no vivieron una etapa colmada de mensajes sobre la prevención del SIDA más otras enfermedades de transmisión sexual o el embarazo no deseado, etc. Pero que ahora en la actualidad, adolescentes y adultos jóvenes, esgriman un “no me gusta” ante el uso del condón, lo encuentro realmente nada que ver. O sea, me pasó en una oportunidad que estuve con un tratamiento con antibióticos, los cuales se sabe que podrían afectar la efectividad de los anticonceptivos orales, y le propuse a mi pareja esta protección “extra” para no frenar la rutina sexual y hacerlo a la segura, pero recibí una negativa como respuesta. ¿Las razones? que no le gustaba, que perdía el “entusiasmo” con el profiláctico, que no era lo mismo… What? Mi cara de dos metros de incredulidad no me la sacaba nadie. Y es que resultó que este chico ni siquiera usaba con sus anteriores parejas. Menos mal que los resultados de los exámenes que se hacía todos los años decían que estaba sano de bichos venéreos.
En fin, a decir verdad ya nada me sorprende en lo que respecta a hombres pero ojalá que las generaciones de chicos más jóvenes se dejen de tonterías y, de partida, no se sientan avergonzados al ir a la farmacia a comprar su cajita de condones ni a la hora de ponérselo porque si bien no es muy elegante, igual hay varias formas para incorporarlo al juego erótico. Y dejarse del prejuicio de que se pierde sensibilidad, pues con los nuevos preservativos que han salido en el mercado esto ya no es efectivo y menos pensar que a tí no te va a pasar porque es probable que muchas de las personas contagiadas de SIDA o que se embarazaron sin quererlo dijeron: “noo, si no va a pasar nada”.
Por último, en la actualidad hasta las mujeres podemos andar con nuestra “cartita” no bajo la manga sino que en la cartera y no dejarse intimidar por aquellos se ofenden si les ofreces la protección porque en caso que fuera así, hay que ser firmes y no aceptar acostarse con él. Esas son las reglas del juego y el juego se trata sobre no contagiarte de alguna ETS ni tener un hijo que aún no deseas.
Una señorita no tiene memoria
Todavía existen hombres que por puro machismo se obsesionan con el pasado sexual y amoroso de sus parejas, queriendo saber con cuántos chicos antes que él uno ha estado. Cuando estás en esa situación: ¿le dices la verdad?, ¿omites unos cuántos números?, ¿o simplemente le mientes diciéndole que prácticamente eras virgen cuando él te encontró?.
De partida, yo encuentro una patudez que tu chico actual ande con esos cuestionamientos porque ¿acaso uno anda preguntando con lujo de detalles los romances que él ha tenido?. Ok, sé que algunas lo hacen pero considero que si él arguye que “un caballero no tiene memoria” –un recurso amnésico del que se han apropiado por años- para andar pelando o recordando a sus ex parejas, nosotros queremos medirnos con la misma vara y proclamar a los cuatro vientos que “una señorita tampoco tiene memoria”.
Y es lógico, considerando que actualmente las mujeres no salimos de la casa de los padres a la casa del marido sin haber conocido nada más de mundo ni de varones sino todo lo contrario, es decir, estudiamos, somos profesionales, independientes económicamente y, lo mejor, que podemos nutrir nuestras existencias con experiencias amatorias varias. Y algo que, por supuesto, está fuera de nuestro arrepentimiento.
Si bien en la pareja no deberían surgir las preguntas sobre amores anteriores, cuando por algún motivo lo hacen, sí es importante no mentir y dejar en claro que tienes historias pasadas y que tal vez todos los errores o vivencias acumuladas ahora te ayudan a establecer una relación más sólida y más experimentada. O sea, que no eres una “virgen” o el típico “tú has sido el primero en todo…”. No. Pero tampoco se trata de contar que has andado con todos los chicos del barrio, de la universidad, del gimnasio y las cualidades en la cama de los mismos. Nuevamente no. Una señorita no tiene memoria, ¡por favor!. Por lo mismo, se exige prudencia y discreción sobre las cosas que vas a contar de tus amores pasados y si en la omisión (que no es lo mismo que mentir) está la clave para esa inoportuna pregunta del chico, sobre todo cuando la cifra podría superar los dedos de las manos, es totalmente válido optar por ella.