¿Y cuándo la guaguita?
Acabo de cumplir 31 y soy la única en mi familia, integrada básicamente por
mujeres, que aún no tiene hijos. Hasta mi hermana menor con 24 años ya tiene a su retoño. El problema es que, como imaginarán, el tema de conversación es cuándo Sabina va a tener descendencia e incorporar un miembro más a la prole. Y eso es ahora porque hasta hace poco tiempo me preguntaban que cuándo me casaba. Bueno, igual me preguntan pero no tanto.
Mi prima Jo que tiene la misma edad mía y que hace tiempo está casada y con una niña de 2 años, me quiere meter hasta por osmosis el instinto maternal: paseando por el mall me lleva a las tiendas de niños para decirme que preciosa es la ropa rosada de guagua o mira que son tiernos esos zapatitos de niño. Mis tías me molestan diciéndome sutilmente que no es bueno ser mamá tan mayor, pero se los perdono porque ellas vienen de otra época donde a los 30 ya tenían tres y hasta cuatro hijos. De hecho, mi mamá me tuvo a mí apenas a los 20 años. Yo a esa edad recién estaba en el segundo año de la universidad y le tenía pánico a quedar embarazada.
Pero la situación que en realidad colmó mi paciencia fue que el fin de semana estábamos celebrando mi cumpleaños en mi casa, habían cuatro chiquillos de entre 2 y 5 años (entre sobrino e hijos de mis primas) que jugaban y gritaban como barracos alrededor nuestro y mi santa madre, quien “siempre” me apoya en mis decisiones y me comprende, hizo la declaración del año: que ojalá el próximo año haya otro niño más jugando con los primos. Yiaaaa, ¿quieres que el Jon (mi hermano del medio) tenga un hijo?, le dije. No, me refiero al tuyo, contestó. Chan! Y todo el mundo se confabuló en mi contra para pedirme al primogénito.
Les puedo contar que traté de salir del entuerto con la gran frase de una amiga: ahora no, ¡sale muy caro el kilo de crío!… Risas y seguí con la respuesta de siempre, que no es el momento, que en unos años más, que etcétera, etcétera. O sea, no podía empezar a darles una charla de toda mi filosofía de vida acerca de los hijos y de, por ahora, mi cero instinto maternal. Pero eso lo expondré en un próximo post para que todos me odien y me acusen de que soy la mujer más egoísta en la tierra que prefiere ahorrar dinero para satisfacer su propio hedonismo que gastar la cuarta parte del sueldo en pañales mensuales.
Igual una prima buena onda me apoyó. Claro, su vida no es nada fácil considerando que recién está sacando su carrera, además trabaja para mantener a su hija y el padre de la niña si te he visto no me acuerdo. Yo en realidad prefiero que las personas ni se metan, ni a favor ni en contra de lo que pienso, o sea, son decisiones personales y es cosa de uno que quiera tener guagua a los 35, 40 o no tener nunca si es que no se da el momento adecuado. Menos mal que mi chico está casi en la misma mía, digo casi porque a veces le pica el bicho de tener una guagua. Pero o espera o se busca a otra candidata. He dicho.
Dormir contigo
Hace unos días salió un estudio que reveló que las parejas que duermen juntas tienen hasta 50% más de trastornos de sueño y aunque ya me lo suponía, ahora tengo la explicación más científica del por qué mis largas horas de desvelo y mi sueño tan pero tan frágil, cuando lo logro conciliar. No es que antes, cuando dormía sola no tuviera problemas de insomnio pero sí puedo afirmar que éste se acrecentó cuando comencé a compartir cama.
El especialista en trastornos del sueño y encargado del estudio, el Dr. Neil Stanley (Gran Bretaña), explicó que compartir la cama es un invento moderno, pues la tradicional cama matrimonial se popularizó con la revolución industrial, cuando las personas se cambiaron a barrios sobrepoblados y ciudades con poco espacio para vivir. Y antes de eso, en la época victoriana, por ejemplo, las parejas casadas dormían separadas e incluso en la antigua Roma, se utilizaba sólo para los encuentros sexuales y no para dormir.
Pues bien, aunque nosotros nos hayamos comprado el super box spring, con colchón de forma ergonómica para un perfecto apoyo de la espalda y resortes de no sé qué, hay noches en que lo paso pésimo porque no puedo dormir y peor si la persona que está al lado de un tiempo a esta parte le ha dado por roncar. Y sé que este problema a veces es tan grave que provoca discusiones de pareja y en la casadas puede llegar incluso hasta el divorcio. Yo en mi caso creo que optaría mejor por separar camas e idealmente habitaciones. ¿Se imaginan?: cama propia, control remoto propio, baño privado y “visitarse” en las noches para regalonear un rato y después a la camita a un sueño profundo y reparador.