Los hombres y la anticoncepción
A raíz del post anterior, me gustaría hablar de algo que suele pasar
desapercibido sobre todo cuando surgen las polémicas relacionadas con los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres. Si bien es cierto que es un tema que nos compete directamente, también es cierto que las relaciones sexuales se dan entre dos personas. En la mayoría de los casos entre una mujer y un hombre. Seguro me dirán que mi aseveración es bastante obvia… Entonces, ¿por qué no se incluye al hombre cuando se habla de prevención del embarazo o de enfermedades venéreas? Claro, pueden decir a su favor que son ellos los que usan condón (y que a veces hacen a regañadientes) y que por eso deben ser alabados. Pero ¿no es eso lo mínimo que pueden hacer?
Si ellos realmente estuvieran comprometidos con el tema se harían parte de las manifestaciones pro píldora del día después o bien hasta le propondrían a sus parejas consultar al médico ginecólogo para que les de el mejor método anticonceptivo. Algunos -los menos lamentablemente- se hacen parte de por ejemplo comprar a medias las pastillas, tal como se divide la cuenta del supermercado, como parte de la planificación familiar en la pareja.
Pero aún falta mucho. Por eso me pregunto que si estos hombres que comparten hoy los gastos de las pastillas usarían el anticonceptivo hormonal masculino cuando se lance al mercado en Chile (el que aún está en fase de pruebas). Estoy casi segura que tendrían mayores reticencias porque claro, pasar cinco lucas es una cosa pero llenarse de hormonas sintéticas como lo hace una, es otra muy distinta.
Y es más, ¿cuántos hombres que con su pareja ya han tenido los hijos deseados y quieren evitar nuevos embarazos, se hacen la vasectomía para que la mujer deje de tomar los anticonceptivos? Una operación ambulatoria que es super normal en países como Estados Unidos, Canadá o en Europa y que de hecho figura entre los tres método anticonceptivos después del condón y la píldora, acá el porcentaje de quienes se la realizan es bajísimo y sigue siendo tabú. En ese caso, la opción es que la mujer (otra vez con la responsabilidad encima) se ligue las trompas en una cirugía mucho más compleja, con mayores costos y complicaciones que el procedimiento masculino.
En definitiva, parece que hace falta un cambio de mentalidad en nuestros machos chilenos. Ojalá que los chiquillos de ahora no sean tan cerrados de mente y puedan hacerse partícipes y comprometerse con un tema que también les compete a ellos y que por décadas ha estado sobre nuestros hombros.