El amor engorda
Así no más es. Aunqu
e existan casos excepcionales, lo cierto es que cuando uno se “empareja” los hábitos de vida cambian. Ya desde la época de la conquista que el galán se luce con bombones y chocolates y las principales atraciones para conocerse se remiten a ir a comer o a tomar algo, ir al cine acompañados de las respectivas “cabritas” y bebidas o salir a pasear románticamente al parque con un helado en la mano.
Después, cuando te vas a vivir en pareja o te casas, si antes eras de las que comía ensaladitas varias y la práctica de ejercicio era uno de tus hobbies, pues ahora eso cambia porque para tu chico no hay panorama más entretenido que arrendar películas para pasar un fin de semana en casa y comer “cosas ricas”. Eso quiere decir: “pidamos una pizza tamaño familiar”, “vamos a comprar comida china del restaurant de acá a la vuelta”, “tengo unas ganas de que hagamos tacos mexicanos” o “está lloviendo, podríamos hacer sopaipillas”. Así la dieta y la preocupación por los kilos se van al tacho de la basura.
Si bien esto uno lo evidencia mes a mes y año a año en que está en pareja (la pesa no miente), investigadores de Estados Unidos han confirmado en sus estudios que el matrimonio se relaciona con mayor riesgo de ser obeso en comparación con los solteros que sólo mantenían citas, aunque también se encontró que la “vida conyugal” tiene cosas buenas como la disminución del tabaquismo y una menor mortalidad.
Lo malo del estudio es que este riesgo de acaparar kilos es distinto para hombres y mujeres porque mientras nosotras podemos aumentar la talla a sólo un año de convivencia con la pareja, ellos tienen un margen un poco mayor: entre el primer y segundo año.
Las razones que provocan esta obesidad en los emparejados es bastante lógica: hacen menos actividad física, se ve más televisión y pasan más tiempo frente al computador. Sin mencionar el factor embarazo que hace que las mujeres suban de peso, el cambio en los hábitos de alimentación también influye porque como ya lo decía antes, la comida chatarra y las comilonas en casas distan mucho de los menús saludables que debiéramos comer.
Y esto en la práctica nos lleva inevitablemente a subir de peso, alejándonos cada vez más de los 49 kilos que pesábamos cuando teníamos 20 y tu pareja comienza a ostentar una barriga y unos michelines que antes no estaban ahí. Por eso insisto y está comprobado, el amor engorda. Quien me diga que después de 3, 5 o más años de relación conserve el mismo peso de cuando empezó ésta, es un vil mentiroso o tiene una genética envidiable.