Dormir contigo

Septiembre 16, 2009 at 8:39 pm (Estudios, Pareja) (, , , , )

dormir parejaHace unos días salió un estudio que reveló que las parejas que duermen juntas tienen hasta 50% más de trastornos de sueño y aunque ya me lo suponía, ahora tengo la explicación más científica del por qué mis largas horas de desvelo y mi sueño tan pero tan frágil, cuando lo logro conciliar. No es que antes, cuando dormía sola no tuviera problemas de insomnio pero sí puedo afirmar que éste se acrecentó cuando comencé a compartir cama.

El especialista en trastornos del sueño y encargado del estudio, el Dr. Neil Stanley (Gran Bretaña), explicó que compartir la cama es un invento moderno, pues la tradicional cama matrimonial se popularizó con la revolución industrial, cuando las personas se cambiaron  a barrios sobrepoblados y ciudades con poco espacio para vivir. Y antes de eso, en la época victoriana, por ejemplo, las parejas casadas dormían separadas e incluso en la antigua Roma, se utilizaba sólo para los encuentros sexuales y no para dormir.

Pues bien, aunque nosotros nos hayamos comprado el super box spring, con colchón de forma ergonómica para un perfecto apoyo de la  espalda y resortes de no sé qué, hay noches en que lo paso pésimo porque no puedo dormir y peor si la persona que está al lado de un tiempo a esta parte le ha dado por roncar. Y sé que este problema a veces es tan grave que provoca discusiones de pareja y en la casadas puede llegar incluso hasta el divorcio. Yo en mi caso creo que optaría mejor por separar camas e idealmente habitaciones. ¿Se imaginan?: cama propia, control remoto propio, baño privado y “visitarse” en las noches para regalonear un rato y después a la camita a un sueño profundo y reparador.

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El amor engorda

Julio 31, 2009 at 4:58 pm (Estudios, Pareja) (, , )

Así no más es. Aunqubotero parejae existan casos excepcionales, lo cierto es que cuando uno se “empareja” los hábitos de vida cambian. Ya desde la época de la conquista que el galán se luce con bombones y chocolates y las principales atraciones para conocerse se remiten a ir a comer o a tomar algo, ir al cine acompañados de las respectivas “cabritas” y bebidas o salir a pasear románticamente al parque con un helado en la mano.

Después, cuando te vas a vivir en pareja o te casas, si antes eras de las que comía ensaladitas varias y la práctica de ejercicio era uno de tus hobbies, pues ahora eso cambia porque para tu chico no hay panorama más entretenido que arrendar películas para pasar un fin de semana en casa y comer “cosas ricas”. Eso quiere decir: “pidamos una pizza tamaño familiar”, “vamos a comprar comida china del restaurant de acá a la vuelta”, “tengo unas ganas de que hagamos tacos mexicanos” o “está lloviendo, podríamos hacer sopaipillas”. Así la dieta y la preocupación por los kilos se van al tacho de la basura.

Si bien esto uno lo evidencia mes a mes y año a año en que está en pareja (la pesa no miente), investigadores de Estados Unidos han confirmado en sus estudios que el matrimonio se relaciona con mayor riesgo de ser obeso en comparación con los solteros que sólo mantenían citas, aunque también se encontró que la “vida conyugal” tiene cosas buenas como la disminución del tabaquismo y una menor mortalidad.

Lo malo del estudio es que este riesgo de acaparar kilos es distinto para hombres y mujeres porque mientras nosotras podemos aumentar la talla a sólo un año de convivencia con la pareja, ellos tienen un margen un poco mayor: entre el primer y segundo año.

Las razones que provocan esta obesidad en los emparejados es bastante lógica: hacen menos actividad física, se ve más televisión y pasan más tiempo frente al computador. Sin mencionar el factor embarazo que hace que las mujeres suban de peso, el cambio en los hábitos de alimentación también influye porque como ya lo decía antes, la comida chatarra y las comilonas en casas distan mucho de los menús saludables que debiéramos comer.

Y esto en la práctica nos lleva inevitablemente a subir de peso, alejándonos cada vez más de los 49 kilos que pesábamos cuando teníamos 20 y tu pareja comienza a ostentar una barriga y unos michelines que antes no estaban ahí. Por eso insisto y está comprobado, el amor engorda. Quien me diga que después de 3, 5 o más años de relación conserve el mismo peso de cuando empezó ésta, es un vil mentiroso o tiene una genética envidiable.

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