Acabo de pasar media hora leyendo una serie de anuncios que publica una página de internet que tiene una sección para encontrar pareja. Hay varias categorías: estrictamente platónico; hombres que buscan mujeres; mujeres que buscan hombres; misceláneos y casuales.

Una lectura rápida de los anuncios entre heterosexuales uno a uno (hay opciones para gays y también para tríos y sexo grupal) muestra que muchos de los post de los hombres incluyen fotos y, en su mayoría, son fotos de sus penes desde diferentes ángulos. La verdad es que hay unos pipís fantásticos, pero hay otros que ni siquiera pueden posar bien para la foto. Algunas fotos son de mujeres dándoles blow jobs y yo me pregunto si ellas saben que su cara está en un aviso para que otras mujeres hagan lo mismo. Observo además que hay un aviso recurrente de un hombre que ofrece dar masajes (en cada aviso tiene una edad diferente) y otro de un tipo que jura tener dedos mágicos y dar orgasmos hasta que uno “hable en lenguas”.

Las mujeres tienen un estilo muy diferente. Solo las catanas -de 50 años para arriba-, suben fotos y no hay casi piel expuesta. La mayoría de las mujeres empiezan sus anuncios diciendo que tienen su vida arreglada, tienen un trabajo y no necesitan un hombre que las mantega. Luego viene la lista de requisitos, que por lo general es larga e incluye algunos muy cursis, como “que sea un caballero” o “que quiera sentir mariposas en el estómago” y algunos filtros como “que no sea alcohólico o drogadicto”, “que lea” o “que tenga trabajo”. Y, finalmente, casi todos los anuncios piden, casi que suplicando, al punto que algunas lo ponen en mayúscula sostenida y todo, “que quiera una relación seria”.

La mayor preocupación de las mujeres en este website, por lo menos en lo que vi, es parecer independiente y claras, mientras que la de los hombres es resultar atractivos. Esto podría ser interpretado como una muestra tangible de un rasgo interesante de la cultura occidental: el egocentrismo. Cada cual está completamente metido en sí mismo, en sus propias necesidades y carencias y sus avisos no pueden menos que reflejar esa especie de desesperación: yo necesito que me des! Tal como el naufrago desesperado de la canción de Sting que lanza una botella al mar esperando que alguien lo rescate de su miseria, sea esta sexual o afectiva.

Sting – Message in a bottle

Siguiendo esa idea, uno pensaría que la distancia entre lo que se suponen que quieren los hombres y las mujeres es enorme y que, siendo así, es muy probable que todos tengan que mentir bastante para que esos encuentros “cuajen”.

Mi amigo J., que recién salió del closet, me explica que ese es justo el secreto de la efectividad de las apps para hombres gays, como Grinder, frente a las de heterosexuales (i.e. Tinder). Es muy fácil, me dice J: “Nos sale el match y le mando una foto de mi pito, él me manda una foto del suyo y ya está, en 15 minutos nos vemos y tiramos y listo”.  La verdad no creo que la cosa sea tan sencilla tampoco y he oído, de boca de otros amigos gay, que a veces las cosas se enredan un poco también en las relaciones casuales entre hombres, pero lo que sí es claro es que los tipos por lo general tienen mucho menos miedo de -cómo lo ponemos para que se lea cool?- conectarse con su energía sexual y dejarla fluir.

Será que de verdad las mujeres somos tan diferentes? Será que las mujeres que ponen los anuncios en ese website, que claramente es visitado prevalentemente por tipos muy “hornies” y desesperados por sexo, son tan ingenuas como para creer que ahí van a encontrar a un compañero de vida? O no será más bien que nos sentimos obligadas a  hacer un statement de diferenciación frente a las putas y pretender que el sexo no es tan importante, tal y como pasa en este audio?

Mujer busca al hombre ideal

Lo que sospecho, basada, claro, en pura especulación y una muestra mínima y sesgada compuesta por mi propia experiencia y la de mis amigas treintañeras, es que las mujeres ponen esos anuncios en momentos de desesperación a los que uno termina muchas veces las mujeres que ponen los anuncios en el website saben de antemano que los tipos que les van a escribir van a ser justamente los que van a echarse un polvo y desparecer, y luego, incluso, si uno es muy guevonel tipo de tipos  lo que realmente nos pasa cuando actuamos con desesperación, como para poner un aviso en la susodicha website, parecemos desesperadas es que tenemos las hormonas muy altas y necesitamos, con suma urgencia, echarnos un “polvo de mantenimiento”, que es ese polvo que cumple con la noble función de liberar la energía sexual y alinear los chakras.

Yo, por lo menos, ya sé que cuando no he tenido mi polvo de mantenimiento empiezo a ponerme muy ansiosa y a pensar en el príncipe azul ese, que era el personaje principal de cuanto cuento, película de Disney y telenovela vi cuando estaba creciendo. Claro que a mis treinta y pico, a diferencia de esos cuentos, las principales virtudes del príncipe son simplemente unos músculos abdominales bajos bien marcaditos y, obviamente, un buen pipí y que lo sepa mover. Eso es todo.

Por lo general, lo que me pasa es que, tarde o temprano, el príncipe aparece y casi siempre la vida es generosa y me manda a un churro delicioso que cumple su función a cabalidad: polvo de mantenimiento y además memorable. Check. Luego de eso, mis hormonas se nivelan y sigo disfrutando mi soltería, y de la libertad y autonomía que enriquece mi vida cada día.

Tristemente, en sociedades patriarcales, los hombres también nos llevan la delantera en cuanto a polvos de mantenimiento. En primer lugar son, por lo general, unos super expertos masturbándose y viendo porno, lo que no es tan común en las mujeres, pues incluso muchas de mis amigas “open-minded” ni siquiera hablan en voz alta del asunto, no tienen ni un solo un vibrador y aún piensan que el porno es aburridísimo porque no conocen el nuevo porno para mujeres que, la verdad, está bastante bien. En segundo lugar, los hombres tienen a la mano los servicios de masajistas, escorts, prepago o, como se les llama comunmente,  prostitutas, mientras que los prostitutos para mujeres son más bien escasos.

Se me ocurre que de pronto es hora de reconocer que “Que por delante y detrás soy un animal, no una musa celestial”, como dice Bebé en esta canción tan liberadora y divertida, y como seguro terminan haciendo las mujeres que ponen los anuncios en el website, pues por algo los ponen ahí.

Bebé – La Bicha

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Soltería y despecho

 

Grace-And-Frankie-01

Estoy viendo una serie de Netflix que se llama Grace and Frankie. Me encanta que las protagonistas sean dos mujeres en sus 70s. Me gusta además cómo la serie reivindica la vejez y sus mil posibilidades. Claro, es una serie ligera, un poco banal, pero igual es una apuesta arriesgada.

Cuando veo la serie no puedo evitar sentirme identificada con dos personajes. Una es Frankie, una mujer de buenos sentimientos que tiene el corazón roto porque su ex-esposo, el supuesto amor su vida, la dejó. Me recuerda mucho cómo fueron mis primeros meses de despecho, luego de terminar con un hombre con el que cuasi me casé y del que estuve muy enamorada por más de cinco años.

Toda la dulzura que impregnaba la cotidianidad de nuestra relación, los pequeños rituales, los códigos y la profunda cercanía los veo reflejados en la serie a través de la relación entre Frankie y su ex, Sol. Al igual que la suya, la nuestra era una relación intensa, en la que compartíamos cada suceso de nuestras vidas. Luego eso resultó sofocante, pero esa es otra historia.

El otro carácter con el que me identifico un poco, aunque no completamente, es Brianna, una mujer soltera que pareceun poco fría y que no sabe bien si quiere una pareja o no, pero que, mientras lo averigua, sale con varios tipos y va experimentando. Aunque creo que mi estilo es mucho más suave, en el fondo me siento un poco así, en medio de una etapa de experimentación que exige, como mecanismo básico de autocuidado, mantener un poco de  distancia frente al mundo exterior, como si uno se recubriera por una membrana que no evita la sensibilidad pero que sí previene efectos destructivos. De esta forma, las experiencias tocan el corazón pero no permanecen en él.

Brianna es la mujer en la que me convertí gracias a mi despecho. Es la forma que decidí adoptar en esta etapa de transformación. Simplemente no sé lo que quiero, pero estoy abierta a la búsqueda. Sin amargura, con tranquilidad y con la certeza de que sobrevivimos al amor y al desamor, por supuesto.

Ver la serie me hace pensar en mi faceta Frankie. Será que aún está viva en alguna parte? Una parte de mi la extraña y, sobre todo, extraña la posibilidad de vivir la vida con tanta ternura, pero la otra la desprecia porque el costo de esa ternura ha sido el pasar por encima de sí misma, de sus necesidades para satisfacer las de los demás.

Vamos a ver si hay alguna forma en que las versiones Frankie y Brianna de mí misma se reconcilien. Después de todo, estoy en una campaña personal en contra de los binarios, las dualidades y la polarización.